Hace dos años hice un cambio radical en mi vida. Dejé la soltería, me vine a vivir al campo con mi churri y cambié de empresa. Todo un cambio radical.
Al principio me costó acostumbrarme y adaptarme a muchas cosas, la nueva casa, la ausencia de tiendas en la calle, la presencia de caballos y ovejas a la vuelta de mi casa, la convivencia con mi churri... pero lo que más me costó fue el cambio de trabajo.
El trabajo era el mismo, pero yo venía de una empresa donde estaba muy a gusto, donde me llevaba muy bien con todo el mundo y donde había un sistema que a mi me parecía perfecto y que tenía muy aprendido.
Aunque el fondo era igual, las formas eran atávicas y antagónicas, horribles a mi modo de ver. La gente que trabajaba en mi departamento era muy rara, y yo durante el primer mes pensé día y noche que me había equivocado, que tantos cambios no eran buenos, y que este había sido el peor... Cada día llegaba a casa llorando y martilleaba a mi churri con el mismo cantar... y él se sentía culpable y responsable de mi malestar y todo era muy complicado. Los cambios tienen estas cosas ¡!!

Pero el destino, la fortuna, o vaya usted a saber quien, me hizo un regalo con nombre propio. AR.
AR se jubiló a los pocos meses de mi llegada a la empresa.
Por avatares de la vida, que da tantas y tantas vueltas, acabó su vida laboral sentado en una mesa que no le tocaba y le iba pequeña, y al lado de una chica nueva que se pasaba el día preguntándole por todo. No sé si es un buen final, pero desde luego él se merecía mucho más.
Me dio mucha pena no coincidir más tiempo con él en la oficina. Era un placer escuchar sus enseñanzas, sus historias de cuando era joven, sus comienzos en el mundo del turismo y nunca, nunca dejabas de aprender cosas de él, y lo mejor era que él siempre estaba dispuesto a enseñar con mucha paciencia y generosidad...
Hoy AR es mi amigo, y sigue siendo el Hombre de Mi Vida Laboral, pero ante todo es mi amigo y mi maestro.
Cada vez que salgo de viaje él me explica trucos muy útiles para que vayan mejor las cosas, me cuenta detalles de los destinos y me da consejos muy valiosos. Y yo los recojo con mucho cariño y más interés porque sé que son de gran utilidad, son un pequeño tesoro.
Me encanta oírle hablar, y cuando quedamos, en citas clandestinas por esos avatares de la vida que no para de voltear, se nos pasan las horas rápidamente. Jamás vi tanta pasión y tanto amor por una profesión, por una vida en realidad, y tanta profesionalidad hasta después de haber dejado el trabajo, aunque como él dice, los que nos dedicamos a esto lo hacemos toda la vida, hasta que nos vamos al otro barrio... nuestro último viaje...
AR me conoce y sabe que no soy muy dada a expresar mis sentimientos, pero también sabe que es una pieza muy importante en mi vida. Mi amigo y maestro...
Rei... t´estim ¡!!!



